No solo Esteban Bellan…

Porque la controversia sobre quién fue el primer
hispano en jugar en una liga mayor en Estados Unidos siempre se centró en si el
colombo-americano Luis Castro o el cubano Estebán Bellán, pocos saben que
Rafael de la Rúa, también de la Mayor de las Antillas, cuenta como acompañante
de Bellán como “los primeros en hacerlo”.

      A los
reconocidos historiadores del beisbol americano, Peter Morris y John Thorn, se
agradece la adición del pitcher Rafael de la Rúa como otro “primer hispano en
el beisbol americano”, porque, según sus investigaciones, jugó aquí en 1868.

      A
continuación, una nota que traduje, de César González, al respecto:

                         

      Cuando Esteban Bellán dejó el Colegio San Juan en 1868 para jugar beisbol
(con los Unions de Morrisania), no era el único cubano en hacerlo.

      Rafael de la Rúa, matancero, actuó en 12
juegos para los Unions de Lansingburgh de la Asociación Nacional en el propio
año1868. De la Rúa fue un pitcher que tiraba un buen screwball o bola de
tornillo (¡ya en aquella época!); pero con problemas de control.

      De la Rúa se unió a Bellán como “el
primer latino” en una liga organizada y altamente competitiva. La Asociación no
sería considerada como Liga Mayor hasta convertirse en profesional, en 1871;
pero, lo que si queda claro, es que son los primeros peloteros hispanos en
competir en un nivel elevado de beisbol en Estados Unidos.

      El descubrimiento fue hecho por Morris y
Thorn, y yo he estado ayudando, durante varios días, para enriquecer las
biografías de ambos jugadores, sobre Rafael de la Rúa, esto es lo que tenemos
hasta el momento:

     “Nació el 28 de enero de 1848 en Matanzas,
Cuba. En 1860, a la edad de 12, aparece en un censo oficial de Estados Unidos
como que vive en Newton, Massachussets. Estudió en una escuela pequeña dirigida
por R.B. Blaisdell, en esa localidad. También aparece en el censo un Filomeno
de la Rúa, de 18 años, aparentemente hermano de Rafael.

     En junio de 1864, era uno de los pasajeros
del vapor Havana que arribó a Nueva York desde la capital cubana, de acuerdo a
una nota de The New York Times.

    Rafael inició sus estudios preparatorios en
el Colegio San Juan (Fordham), en Septiembre de 1864 y se mantuvo hasta
1867.  Estudió allí a la vez que Bellán.
En el catálogo estudiantil del colegio consta como Julián R. Rúa, de Matanzas,
Cuba.

     El 
año académico 1868-69, está matriculado en Rensselaer Polytechnic
Institute en Troy, Massachusett, Nueva York. Allí estuvo 1 año y no se graduó.

     Era en la misma ciudad Troy donde los
Unions, miembros de la Asociación Nacional, estaban basados.

    De la Rúa jugó 12 juegos con el club,
mayormente como pitcher. A la vez, la Asociación todavía tenía clasificación
amateur.

   En una fotografía que aparece en el libro
Smoke, de Peter Bjarkman y Mark Rucker, de los Unions de Lansingburgh de
1868,  se señala erróneamente a Bellán,
que jugó para el equipo en 1869. Sin embargo, no se identifica a la Rúa, que sí
está.

   En documentos oficiales encontrados, de la
Rúa aplicó para la ciudadanía estadounidense en 1874  declarándose “comerciante”.

   Cuando aprobaron su ciudadanía y aplicó para
su pasaporte, lo hizo como Rafael de la Rúa, con domicilio en 15th y la 32 en
Nueva York, nacido el 28 de enero de 1848 en Matanzas, Cuba. Su peso, según el
documento, era de 160 libras y medía 5’9.

   Según las investigaciones de los periodistas
cubanos Jorge Figueredo y Severo Nieto, Rafael de la Rúa nunca jugó en la Liga
Cubana.

   Sin dudas, una pieza muy importante de la
historia del beisbol latinoamericano.”

 

     Unions
de Lansingburgh (un pueblo adyacente a Troy), es el mismo club que más tarde se
convirtió en los Troy Haymakers, miembros de la Asociación Nacional, circuito
profesional, en 1871 y 1872.

      Marshall Wright, en su libro Los Jugadores de
la Asociación Nacional, 1857-1870, identifica al cubano solo como Rúa, róster
de 1868. Mientras, Bellan aparece como miembro en 1969.

 

 

 

 

 

El juego es asi, de pitcheo soberbio y dominante

Vuelvo sobre lo mismo, me gusta el detalle y llevó
más de 10 años “tragando buches de sangre”, indefenso ante la masacre que se
cometía (aún se hace en otras facetas) contra el beisbol y el problema de las
sustancias de crecimiento.

        Ya
se puede ver que los jugadores envejecen; además, se observa el efecto de
lesiones sobre su capacidad de juego o ambas cosas combinadas, si no lo cree,
mire el deterioro de los “jerarcas hispanos” en el asunto, los dominicanos, en
base a la merma en el rendimiento de algunos de sus jugadores, luego de que se
les “destapó” como positivos: David Ortiz, Miguel Tejada, Manny Ramírez…incluso
Alex Rodríguez, nacido aquí y reportado como dominicano por la prensa
quisqueyana, como hacen también los cubanos, tiene un evidente y preocupante
descenso de su bateo con el incremento de dolencias que, definitivamente, le
auguran el retiro más temprano de lo que se creía.

       Malo
para ellos, bueno para el deporte, inobjetablemente, porque, ¿Cuánto tiempo
hacía que no se producían jornadas de actuaciones soberbias por varios
lanzadores en un solo día? Yo casi no recordaba que eso hubiera ocurrido, sin
embargo, ese es el juego de beisbol en el nivel de Grandes Ligas.

      El
zurdo de los Filis de Filadelfia, Cliff Lee, enfrentó a los Bravos de Atlanta
durante 7 episodios, le dieron 9 hits, le anotaron 3, todas limpias, dio una
base por bolas y repartió la escalofriante cifra de ¡16 ponches! Sin embargo,
el derecho Dereck Lowe, desde la trinchera contraria, trabajó 6 entradas con
solo 2 hits permitidos, ninguna carrera, una solitaria base por bolas y 4
chocolates recetados. El juego lo ganó Lowe (3-3, 3.22) y lo perdió Lee (2-3,
3.69). Como rutina de los tiempos, al cerrador cubano de los Filis, Danny Báez,
le encendieron 3 cohetes y le hicieron 2 limpias… ¡Tenía que ser!

      Por
acá, por el sur de la Florida, los Marlins recibieron a los Nacionales con ese
prospectazo que se llama Ricky Nolasco en el box. Para reafirmar la inutilidad
de una gran actuación monticular por la 
inefectiva actividad del relevo: el llanero tiró 7 episodios con 6 hits
permitidos, 2 carreras limpias, 2 bases por bolas y 11 ponches. La barrera que
contuvo a la batería de los Agujas se llama J. Zimmerman, que no estuvo mal
durante 6 entradas, con 5 hits, 2 carreras limpias, 2 bases y 4 ponches.
Ninguno de los dos tuvo que ver con la victoria o la derrota.

     El
mexicano Jaime García, como Loewe, solo permitió dos hits por los Cardenales
contra el Milwakee en una victoria 6-0.

     A ver,
¿Acaso puede creer alguien que un juego de 5 ó 6 jonrones es más disfrutable
que cualquiera de los juegos de la jornada de ayer?

     ¡Por
favor! Que el beisbol siga así y que jamás regrese el fantasma que casi lo
hunde en la ignominia: el pelotero de laboratorio.

                                              

 

 

 

 

 

 

 

Cero esteroides; mejor pitcheo

Una de las justificaciones a favor del favoritismo
personal ha sido “…bueno, pero todos los que lo usaron no lo consiguieron…”;
era lo común y rutinario escuchar para encumbrar a Sosa, a Bonds, a Tejada o a
Roger Clemens.

       El
problema que presentan hoy “los abogados del diablo” es que, una vez
inhabilitados los jugadores de usar sustancias de crecimiento por miedo a “la
prueba al azar”, reaparece el pitcher como elemento de protagonismo único en el
beisbol, papel que nunca debió perder en el guión de esta novela de horror que
no fue cosa de un día, sino que identifica todo un período de suciedad y
trampa, de contubernio generalizado contra el juego, contra el fanático, contra
la historia y contra la moral del pasatiempo.

      Si no
hubiera existido el período esteroides, Bonds y Clemens se hubieran retirado
antes y no hubieran colocado sus récordes fuera del alcance de “los mortales”:
esa retahíla de jonrones durante 5 ó 6 años; esa cantidad de victorias después
de tener el brazo prácticamente arrancado; ese rosario de MVP’s y de CY
YOUNG’s, son parte de la vergüenza nacional con culpa directa sobre el
Comisionado, sobre el Sindicato y sobre los Dueños.

      Ahora
mismo, hay pitchers cuya tarjeta de indentificación contiene, inexcusablemente,
el dato de superestrella; en ruta al superstrellato, otros y el de buenos
lanzadores una cantidad que iguala al de cualquier período grande de la
historia, cuando el beisbol se dirigía y administraba seriamente, con la
responsabilidad que requiere un deporte que no solo es el nacional, sino que
tiene una notable influencia en la grey infantil y juvenil.

      Los
serpentineros Josh Johnson, Félix Hernández, Roy Halladay, CC Sabathia o Tim
Lincecum clasifican fácilmente como superestrellas de la serpentina, con otro
grupo luchando por integrarse a los consagrados, entre los que se encuentra el
venezolano Ricky Nolasco y otro mayor de magníficos lanzadores que tienen
etiqueta de buenos estilo cualquier tiempo pasado.

      Sin
embargo, los mecanismos “evolutivos”, empleados supuestamente para mejorar el
juego, obstaculizan, aunque posean las herramientas para brillar con todo su
esplendor, que los pitchers puedan colocar los números antaño grandiosos: los
300 juegos ganados están en ruta a desaparecer; las temporadas de 20 ó más
victorias que pudiera tener un lanzador en el orden de 6, 8, 10, en una época
que se juegan 8 partidos más que antes de 1961, pudieran no volverse a repetir;
la disminución de los juegos de nueve ceros ya es una evidente realidad y la de
los juegos completos.

     Los
relevos, como resultado del número de lanzamientos o de innings trabajados, no
solo crean un ambiente decepcionante para la labor de los abridores, sino
sombría, más que clara y esperanzadora, para los propios clubes que, por regla
general, dejan escapar victorias por esos cambios, tan frustrantes y
rutinarios, que cansan.

    Sin
embargo, la reducción del uso de sustancias de fuerza y crecimiento es lo que
va regresando al beisbol de nuevo a la normalidad: el rey del juego es el pitcher
y el 75 % de la responsabilidad en la victoria es de la defensa, que incluye al
trabajo monticular.

     Los
grandes bateadores, sin guarismos espantosos para fanáticos de la gradería, son
posibles como elementos humanos, que encabecen los departamentos del bateo;
pero no separados del resto de los hombres por una línea cuestionable, en igual
medida que insalvable para la competencia histórica que, por eso, no podría
emularlos en el mismo terreno y con las mismas y deshonestas armas que se
usaron hasta el año antepasado.

     Ichiro
está ahí, cada vez que uno mira los promedios del Seattle, el tipo está montado
en el potro de los .300, y John Mauer, y Pujol y Miguel Cabrera…

     Hace
falta que a estos mismos que descompusieron el potaje con demasiada sal, por
miedo a la baja en los números de audiencia y asistencia, con lo que nunca tuvo
que ver la cantidad de jonrones, sino la huelga, no se les vaya a ocurrir
desarreglarlo con más picante otra vez y se forme un desbarajuste que no pueda
resolverlo ni Mandrake el Mago.

 

 

 

 

 

 

 

Los no hit no run feos de algunos pitchers

Cuando Francisco Liriano comenzó era una copia al
papel carbón de Johan Santana, hasta los movimientos eran similares, si no 100
%, por lo menos al 95. Pero sufrió de la “brujería” contra el pelotero moderno
y se lesionó, porque tiene que ser un “daño” lo que hay con esto hoy.

      El
problema es que, de aquel fenomenal prospecto zurdo, lo que va quedando es “un
pitcher de un día no y el otro vamos a ver”. No por gusto tiene más de 5.00 de
promedio de carreras limpias permitidas y, sin la velocidad de un ciclón ni
algo que lo parezca, tendencia a wild, con pitcheo mayormente en zona mala para
él.

      Ahora
tiró un no hit no run en el nivel del que, hace unos años, cuando militaba con
los Marlins, lanzó A.J. Burnett: 6 bases por bolas para el dominicano, mientras
el hoy derecho de los Yanquis concedía 9 pasaportes de libre tránsito aquel
domingo en Arizona.

    
Mirándolo bien y a pesar de que no permitieron hits ni carreras, ¿Se
puede considerar dominante a un pitcher que embasó por bases por bolas a 6 bateadores?
En la lógica ajena a la realidad de la anotación, una base es un sencillo,
porque coloca un corredor en la inicial, ¿Entonces? Mike Mussina tiraba
perfecto una noche en Boston, hasta que Carl Everett, en el 9no. con dos outs y
en dos strikes sin bolas, le dio un cañonazo al right. Las cosas del beisbol.
No había dado bases por bolas…

      Una
vez, en 1926, el inmortal Pete Alexander tenía al Chicago sin hits ni carreras
en el noveno, con dos outs  y le enviaron
de emergente a un excelente chocador de bolas, para colmo, su amigo. El tipo,
con el bate bien corto, le metió un rolling saltarín por encima de segunda que
siguió viaje al center riéndose del sueño con que había coqueteado, segundos
antes, uno de los grandes que nunca pudo adjudicarse un juego de no-no.

     Yo vi a
David Ortiz conectar un batazo por todo el campo central de Yanqui Estadio,
fildeado por Merkis Cabrera, después de “partirse las patas corriendo”, como a
400 pies del home-plate. En ese propio juego, Pedroia dejó caer una entre Robinson
Canó y Bobby Abreu que daba grima.

     Pero,
siendo justos, estos detalles no son patrimonio del tiempo actual: los dos
famosos no hits no runs seguidos de Johnny Vander Meer, tuvieron una más que
generosa ración de bolas malas y, como complemento sobre uno de ellos, Leo
Durocher declaró, “este que se lo apunten al tercera base, que paró 5 cohetes
con etiqueta de hits…”

    
Liriano, como hace unos años Burnett y muchos más Vander Meer,
pertenecen a la galería de “pitchers que lanzaron no hits no run feos”; es
decir, que el dominio, ese día, viéndolo bien, fue relativo.

 

 

 

 

 

 

 

Solo en Cuba se creen esas barbaridades

A Teófilo Stevenson le propusieron un millón de
dólares por firmar en Munich-72; pero, el discípulo del trainer soviético
Andrei Chervonenko, decidió que el amor de 8 millones de cubanos (menos el mío),
valían más que esa cantidad.

      
Siempre quedan dudas después que suceden cosas como estas con respecto a
los atletas castristas, en el caso de Stevenson ¿Qué promotor o entidad le hizo
la oferta?

       Ese
tipo de riesgo se asume cuando hay un tremendo poder financiero detrás, por
regla general, el que identificó a Don Kink después de ese año; sin embargo, en
ese momento, el artífice de la 2da, etapa de Alí no estaba preparado para
tamaño empeño, por muy campeón olímpico que fuera el cubano.

       Otro
detalle, durante el lanzamiento del libro Azúcar y Chocolate, de Enrique
Encinosa, le hice la pregunta a Ferddie Pacheco, pero el Doctor Fight tampoco
supo quién estaba detrás de la proposición; ni Angelo Dundee, durante una
conferencia de prensa en un Marriott de Miami.

       
Cuando tuve la oportunidad de preguntarle a Don King, riéndose, el tipo
me dijo que “a veces con los cubanos se inventan cosas por política… pero yo no
sé quién pudo ser, ahora, te aseguro que yo no fui”.

        Y no dudo que ocurriera, pero, ¿Quién
fue el promotor misterioso? ¿Cómo es posible que, como hacen siempre allá, no
le adjudiquen a la CIA el personaje desconocido hasta para el ex boxeador?

         Lo
que sí nos dijo a Roberto Luque Escalona, a Encinosa, a mí y a un grupo
numeroso de cubanos, en la librería Universal de Miami, quien también atendiera
como médico a Luis Manuel Rodríguez, fue que “Alí noqueaba a Stevenson en el
round que hubiera querido…” Yo estuve de acuerdo.

         Tal
vez porque el pueblo cubano le ha perdido la pista (¡son 48 años!), a los
mecanismos empleados en el beisbol profesional para contratar jugadores hacia
el Beisbol Organizado, es que se dicen, impunemente, falsedades inadmisibles
para gente seria, como aquello de “A Omar Linares le propusieron un contrato en
blanco para que pusiera la cantidad que quería…” En el caso del pinareño, si
apareció el promotor: los Expos de Montreal. Además, se incluía una cláusula
que no era solicitud del jugador: actuaría solo en Canadá (media temporada) y
le pagarían los estudios.

         
Román Suárez, un entrenador de pitcheo de equipos de Pinar del Río, dice
que estuvo presente. Este individuo está en Miami y lo soltó en un sitio de
Internet nombrado Terreno de Pelota.

         
Por razones del embargo no procede, porque las Grandes Ligas son una
negocio americano; pero, por la forma como se firma a un agente libre, es la
más colosal tomadura de pelo hecha pública que se haya oído en la historia de
Cuba: un agente libre no es propiedad de un club, sino de las Oficinas de las
Ligas Mayores, una vez localizado (los cubanos que huyen, en un tercer país),
hay que informarle al Comisionado, que se encargará de convocar a todos los
clubes que se interesen, para que envíen representantes a un try-out o prueba
de habilidades; después, el representante del jugador se encargará de tramitar
el contrato con los que se mantengan interesados, con el que más pague como
triunfador en la puja. Esa es la regla, inviolable, de la agencia libre.

          Ni
el draft o sorteo colegial es una actividad al garete, porque se piden los
atletas de acuerdo a un turno por rondas, que depende de cómo se quedó en la
tabla de posiciones del año anterior, de menos a más, o últimos como primeros.

         
Este lunes 2 de mayo, en una columna de Cuba Debate en Internet titulada
La Esquina, Reinaldo Taladrad, que dirige la Mesa Redonda en La Habana, entrevistó
al ex antesalista Lázaro Vargas. Como es normal, para imponer el criterio,
erróneamente provocado, de que sus jugadores han sido los mejores del mundo
desde 1962, le preguntó que “si había recibido ofertas de scouts durante su
carrera”; según el jugador, dos veces, la primera, en 1982 en Venezuela,
cuando, según Vargas, “quisieron firmar a todo el equipo juvenil que estuvo en
la Serie Mundial de ese año”.

          
La otra, en los Juegos Olímpicos Barcelona-92, le ofrecieron 8.5
millones como bono. El pelotero no sabe inglés, tal vez por eso no identificó
al club que representaba el escucha

          
Ese año, ningún antesalista estrella, Salón de la Fama, ganaba más de 2
millones por temporada en Grandes Ligas, ni Tony Gwynn ni Barry Bonds ni
Griffith jr. recibían cantidades de espanto, lo que quiere decir que ningún
pelotero de 29 años era contentado con semejante bono ni con menos edad
tampoco.

           
Lázaro Vargas era un buen fildeador en tercera base de swing atrasado,
por lo que todos sus batazos eran al right-rightcenter. Yo no sé qué hubiera
podido hacer aquí entonces; pero, dudo mucho que hubiera evolucionado a
estrella de la posición.

           
Cuando a Linares le ofrecieron el contrato en blanco, un swing de
Canseco valía más que todos los jugadores de Cuba juntos. Cuando le ofrecieron
8.5 a Vargas, una foto del slugger de Regla esperando turno valía tres veces
más que la misma cantidad que dije antes…Pero nadie podía ver jugar a Canseco
allá…menos Fidel y Taladrid.

                                  

 

 

 

 

 

Abogado, linguista, espia y pelotero: Moe Berg

Moe Berg fue un catcher de reserva y de bullpen
durante 15 campañas en Grandes Ligas; no se destacó como un gran jugador,
porque fue peor que mediocre como bateador, pero sí un gran receptor defensivo.

      
Ameno, culto y educado, judío de padres rusos emigrados a Estados Unidos
a finales del siglo antepasado, vino al mundo en Nueva York, el 2 de marzo de
1902.

       Se
dice que la famosa frase del cubano Mike González, “good field, no hit”; o,
“bueno a la defensa, no al bate”, la escribió en un reporte sobre Berg a
mediados de los 20’s.

       Moe
Berg es una figura fascinante, enigmática y extraña de la historia
contemporánea de Estados Unidos: graduado de Leyes en Princeton durante la era
de Albert Einstein en la docencia en el alto centro, su avidez por los textos
originales le convirtieron en filólogo-políglota, estudios que realizó aquí y
en la Sorbona de París.

       Sin
embargo, el erudito acostumbraba a responderle a los que se sorprendían por su
cultura y elevado desarrollo intelectual: “…de nada me sirven ni las leyes ni
las lenguas cuando entro al home a batear…”

       En
una oportunidad, alguien dijo delante del inmortal Ted Lyons que “Berg aparenta
algo diferente…”, a lo que el lanzador ripostó con “Moe es diferente, no
aparenta…”

       El beisbol
lo introdujo en ***ón, en 1873, un profesor visitante, pero se convirtió en
pasión después que vieron jugar a peloteros de las Grandes Ligas, que visitaban
el país agrupados en All Stars y, sobre todo, después que vieron a Babe Ruth
conectar 13 jonrones en una de esas giras.

       En
1934, un Todos Estrellas formado por Ruth, Gehrig, Gheringer y Foxx, que
incluyó a Moe Berg, entre otros, visitaron al País del Sol Naciente para su
gira rutinaria.

       Sin
embargo, el catcher se entretuvo en actividades ajenas al diamante, una de
ellas, desde el techo del hospital en el que había dado a luz una hija del
embajador americano, con una cámara especial ajustada a una de sus piernas,
fotografiar los alrededores de la ciudad y de los posibles complejos y bases
militares japonesas. Siete años antes del ataque a Pearl Harbor, un pelotero
nombrado Moe Berg, espiaba los movimientos del despliegue militar nipón en la
capital. Antes de que la Rosa de Tokio iniciara su campaña sicológica
radioléctrica contra los americanos.

      En
1939, su último año como bigleaguer, Berg comentó con preocupación, en el
bullpen de los Medias Rojas de Boston, “…uno aquí, bromeando; Europa al borde
del incendio y este país a las puertas de la confrontación, tal vez por el lado
Oeste…”

      En
1939 y 1940, Berg se mantuvo como coach de beisbol; pero, después del bombardeo
a la base aérea norteamericana del Pacífico, se le seleccionó para que leyera
en japonés un mensaje al pueblo nipón, en el que les decía, entre otras cosas,
que era una estupidez entrar en guerra contra Estados Unidos, por lo que el
presidente Roosevelt le felicitó. Desde ese momento, se inició la labor de
infiltración de Moe Berg en las filas enemigas.

      De 6’1
de estatura, trigueño, siempre vistió de traje, corbata negra y camisa blanca.
Hablaba y escribía 8 lenguas, entre ellas, la rusa, la francesa, la italiana,
las eslavas, alemana y español. Fue su alto perfil intelectual lo que le
permitió servir a su patria en el difícil, peligroso y oscuro mundo del espionaje
durante la 2da. Guerra Mundial.

      La
primera asignación importante del espía fue durante principios de 1942, en que
se le destacó en algunos países de Latinoamérica, por la relevancia que cobraba
la propaganda hitleriana, como Argentina, Chile, Uruguay o Brasil.

      Poco
después, comenzaría la peligrosa misión de gran relieve del ex catcher, al
descender en paracaídas en Yugoslavia, para tratar de localizar posibles
científicos nucleares nazis en Alemania y los movimientos en los laboratorios
en que se trabajaba el llamado “agua pesada”. 

      Alli
le escuchó decir a uno de esos científicos que “Estados Unidos no está ni
remotamente cerca de nosotros en esto”. Entonces la información sobre el arma
atómica se convirtió en obsesión para Roosevet. Un mensaje de Berg calmó
parcialmente al presidente: “todavía no, pero en 6 meses la tendrán…” lo que
aceleró los planes para los bombardeos quirúrgicos a objetivos especiales
dentro del Tercer Reich.

       Otro
objetivo del espía fue localizar a científicos disgustados con Hitler,
contribuir a sus deserciones y hacerlos salir hacia países aliados.

       Moe
rehusó recibir la Medalla al Mérito Civil, por su labor en el frente
antifascista, a riesgo de su propia vida. Ni su hermano conoció la actividad que
hizo que muchos le consideraran traidor hasta que concluyó la guerra.

       
Tampoco se sabe si, después del conflicto, continuó en operaciones con
la oficina de Servicios Estratégicos, célula originaria de la CIA. Berg nunca
habló del asunto.

        No
se casó, pero tenía una amiga íntima en Inglaterra que le relacionaron como
compañera sentimental.

        En
Cooperstown está la medalla que le rechazó a Truman, en 1946, como trofeo de
incalculable valor para el beisbol y para la historia patria.

        En una oportunidad, el cronista Dan Daniel,
como Moe, judío, escribió: “…si no hubiera sido real, nadie hubiera podido
crear un carácter semejante”.

        
Durante los 50’s, Casey Stengel dijo, “Ese es el tipo más extraño que
haya estado en el beisbol jamás”.

          El
29 de mayo de 1972, tras una caída en su apartamento, en Newark, murió Moe
Berg. Tenía 70 años.

 

 

 

 

 

 

 

 

A los 105, fallece Millito Navarro en Borinquen

La noticia lo presenta como “el primer jugador
boricua en Ligas Negras”, supongo que, para las generaciones de hoy, poco dadas
a interesarse por los pioneros del juego, es insuficiente.

       Yo
hubiera escrito: “uno de los más brillantes peloteros nacidos en Puerto Rico,
que los ha producido inobjetablemente buenos”, con 3 en Cooperstown y los que
faltan.

       De
aquellos lejanos 20′, 30’s y 40’s, Emilio Navarro llenó la noticia del sector
en su patria junto a Perucho Cepeda, padre de Peruchín y a otro de los grandes
estrellas del pasatiempo caribeño, Francisco “Pancho” Coimbre, astro del buen
tiempo ido quien, al lado de Alejandro Oms, constituyen dos injusticias
meridianas de ese Comité de Veteranos, que nadie sabe hacia dónde miran cuando
manejan ciertos nombres.

      Una
vez, Cheo Ramos me dijo en Cuba que Coimbre no le envidiaba a nadie ni como
bateador ni como fildeador; pero que Millito Navarro era “un jamo” de pescador,
por lo rápido que se movía en la posición hacia todos lados.

       Uno de
los más rápidos corredores, en el sentido de la competencia de pista que se
haya podido ver en el beisbol caribeño, de hecho, él y Coimbre eran atletas de
ese sector también. Pero Millito fue un extraordinario tocador de bolas y un
productor de bounts para embasarse notable.

       Los
Cubans Stars de la Liga Negra del Este y la Liga Negra Nacional lo tuvieron en
su róster como shortstop y como intermedista, y le colocaron en el primer turno
del line-up, por su velocidad y buen tacto al batear, en 1928 y 1929.

      Uno de
los primeros jugadores del Ponce original de nivel semiprofesional, en 1922,
regreso para la campaña 1942-43 con los Leones, ya constituida la Liga Invernal
de Puerto Rico (1938).

       Al
final de su carrera, jugó en República Dominicana y Venezuela; fue profesor de
Educación Física y administrador del estadio de la ciudad por 20 años.

      En el
2008, en un draft especial de homenaje en el que, cada uno de los 30 clubes de
Grandes Ligas seleccionaron un pelotero que hubiera actuado en Ligas Negras,
los Yanquis escogieron a Millito.

     
Pertenece al Salón de la Fama del Beisbol de Puerto Rico y al del
Deporte de ese país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los peloteros necesitan mas tiempo para madurar

Los casos de jugadores de beisbol que son
seleccionados en el draft colegial; o firmados como agentes libres fuera de
Estados Unidos, con la excepción de los cubanos y los asiáticos, que logran
ingresar a las Grandes Ligas de inmediato, son infrecuentes.

      Por la
agencia libre, nadie del área caribeña ha podido firmar y debutar en Grandes
Ligas, sino que, obligatoriamente, han tenido que pasar por el proceso de Ligas
Menores y, después,  si hacen el grado,
ascender a las Mayores, a las que llegan menos del 50 % de los que firman.

      En la
NFL y en la NBA no ocurre así: del sorteo, a vestir la camiseta del club que lo
eligió; tampoco existen ligas de categoría inferior que los preparen para
asimilar la diferencia de juego, aparentando que son deportes de menos
complejidad atlética, en que la experiencia previa y la madurez no deciden
mucho a la hora de ser escogido. También ha sucedido que, algunos, han logrado
la categoría superestelar como reclutas de primer año y muchos comienzan como
regulares en sus equipos.

     Los
casos cubanos y asiáticos no son comparables con los del resto del área
caribeña, incluso con la mayoría de americanos, porque muchos llegan pasados de
edad, en rango de veteranos, para la durabilidad laboral que justifique su
inversión, entonces los apuran.

     Con los
nipones, por su experiencia profesional en una liga que, aunque no tiene ni el
70 % de la media del nivel de las Mayores, supera con creces la calidad del
resto del mundo, la tendencia es a hacerlos debutar más rápido o directo, con
menos margen de error en cuanto al éxito personal por el riesgo de firmarlos.

     El
único caso, extraño e incomprensible, es el del infielder Alexei Ramírez, que
llegó sin conocer los circuitos menores con más de 25 años de edad y, con
desempeño  por encima de lo relativo o
promedio, se estableció y triunfó antes que su compatriota Kendry Morales, de
más proyección y clase. Incluso Orestes Miñoso, que se baraja a menudo como
merecedor del Salón de la Fama, necesitó una escala en las Menores para poder
ascender, definitivamente, a las Mayores. En el caso del Cometa de Chicago, al
momento de firmar, tenía experiencia en la Liga Cubana y en Ligas Negras, lo
que hace mucho más raro el caso de Ramírez.

      Cuando Johnny Antonelli firmó a los 18 años
con los Gigantes de Nueva York, Al Kaline a los 19 con los Tigres de Detroit y
Harmon Killebrew a los 17 con los Senadores de Washington, se convirtieron en
sensaciones y fueron directamente al banco de sus clubes sin jugar como
regulares; entonces les llamaban “bonus babies” a los peloteros que, a edad tan
tierna, no solo firmaban, sino que integraban las plantilas de equipos de
Grandes Liga.

      
Kaline ganó el champion bate de la Americana al año siguiente, 1954, a
los 20, pero Killebrew necesitó 4 para establecerse,

       El
caso de Joe Nuxhall no es interesante, porque Cincinnatti lo llevó al club a
los 15 años y lanzó en menos de un inning, pero lo bajaron y regresó después de
6 campañas a los Rojos. Bob Feller estaba a los 19 años en la trinchera del
Cleveland, en 1938.

      Ken
Griffith jr. debuto a los 19 años con el Seattle; pero había sido seleccionado
en el sorteo colegial de 1987.

      En
1973, un estrella del baloncesto colegial se decidió por el beisbol y entró
directo a las Grandes Ligas vía Padres de San Diego. Sin embargo, en ese
momento, Dave Winfield tenía 22 años.

       Mel
Ott, uno de los más grandes jugadores de la historia, firmó como agente libre
en abril 2 de 1926 y debutó el 21 del propio mes y año con los Gigantes de
Nueva York. Esa campaña, con solo 16 años (no había cumplido 17), John McGraw
lo puso a jugar en 35 juegos, al siguiente en 82 y, en su tercero, con solo
18-19, en 124.

       Pero,
no es frecuente que, en el beisbol, se llegué sin experiencia profesional
previa, lo que hace a este juego más complejo en preparación psíquico-física
que todos los otros de conjunto.

 

 

 

 

 

 

Estalella, primer hispano en ganar una triple corona de bateo

Roberto “Tarzán” Estalella (Cárdenas 1911-Hialeah
1991) fue el segundo gran jugador de posición cubano e hispano en  el Beisbol Organizado; el primero fue Armando
Marsans, uno de los dos pioneros, junto a Rafael Almeida, cuando ya existían
ambas ligas; primer bateador de .300 y primero en recibir votos para el MVP en
Grandes Ligas durante la década 1910-20. Pero Marsans jugó pocos años.

        A
Estalella, cuando fue cambiado por los Senadores de Washington a los Elefantes
Blancos de Connie Mack en 1943 junto a Jimmy Pofahl y dinero por Bob Johnson,
que había jugado en el Juego de Estrellas del año anterior por la Liga
Americana, el Viejo Zorro de los Atléticos lo presentó como un nuevo Al Simmons
que, si no comete la equivocación de irse a la Liga Mejicana, hubiera
continuado el desarrollo ascendente de su carrera en Grandes Ligas, porque sus
mejores años fueron los tres previos a 1945, cuando dio el paso en falso, en
los que había jugado 100 ó más juegos en cada una de esas temporadas con
promedios superiores a .285 actuando en la esquina caliente y en los jardines
del viejo club.

        A
Mexico fueron jugadores cubanos que cometieron un error garrafal, porque se
hubieran impuesto en las Mayores, no solo Estalella, sino Adrián Zabala perdió
la oportunidad única con los Gigantes; otros jugadores como Agapito Mayor,
Mario Fajo o Chito Quicutis, que no tenían etiqueta de bigleaguers, tal vez
hicieron bien; pero, quizás Jorge Comellas y, sobre todo Julio Moreno, tampoco
hicieron bien las cosas. Para justificar la falta de clase que les hubiera
impedido jugar en grandes ligas, muchos que no actuaron en ese nivel decían que
“nadie se podía negar ante tanto dinero…”

        Pero
Estalella sí desperdició con la ida a la Mejicana y la posterior suspensión
como renegado una carrera que pudo ser brillante.

       En
1938, jugando para el Charlotte clase D de la Piedmont League, el matancero
ganó la Triple Corona de Campeón de Bateo por primera vez para peloteros
cubanos e hispanos en el Beisbol Organizado, al concluir la campaña con 38
jonrones, 123 impulsadas .378 de promedio, total de 325 bases recorridas y .754
de slugging.

       Sin
embargo, no fue esa la única gran temporada del Tarzán cardenense: en 1949, con
el Minneapolis de la Asociación Americana, el mismo con el que 11 años antes
había ganado Ted Williams la Triple Corona a los 19 años, Estalella produjo
para .341 con 36 dobles, cinco triples, 32 jonrones y 134 empujadas.

       El
cubano estuvo en el Beisbol Organizado, incluyendo 9 temporadas en grandes ligas,
desde 1934 al 1951 y en las Menores bateó 8 veces sobre .300; tuvo cuatro
campañas con más de 30 jonrones y 1 sobre 20, además de que en 6 impulsó a más
de 100 corredores. Su último buen año en Estados Unidos, luego de cumplir la
sanción de las grandes ligas, fue en 1947 con el St. Jean de la Liga
Independiente en que bateó .374 con 17 dobles, 2 triples, 24 jonrones y 101
empujadas en 321 veces al bate.

     En
1942, el Jíbaro Luis Rodríguez Olmo se llevó la Triple Corona jugando para el
Richmond de la Liga Piedmont, convirtiéndose en el segundo hispano en ganar el
premio.

     En 1950
Silvio García la obtuvo jugando para el Sherbrooke clase C de la Liga
Peninsular con números como 21 jonrones, 116 impulsadas y .365 de promedio.

     En
1956, con el St. Cloud clase C, también de la Peninsular, el puertorriqueño
Orlando “Peruchín” Cepeda la conquistó por batear 26 cuadrangulares, enviar 112
corredores al plato y promediar .355.

     En
1959, que fue opacado injustamente en Cuba por la victoria de los Cañeros de
los Cubans en la Pequeña Serie Mundial contra el Minneapolis, el inicialista
Frank “Panchón” Herrera se la llevó a su casa en el pueblo habanero de Santiago
de Las Vegas por 37 jonrones, 128 impulsadas y .329 de promedio, jugando para
los Bisontes de Búfalo de la Liga Internacional clase Triple A

      Hasta
1962 y desde que en 1940 la obtuviera Cool Papa Bell, en la Mejicana la han
ganado Wild Bill Right en 1943; Angel Castro en 1951; el cubano René González
en 1952; el norteamericano Alonzo Perry en 1956; Claudio Solano, de la Liga
Arizona-Mexico, en 1957 y Ramiro Caballero, de la Mejicana Central, en 1962.

       Como
adjuntos de interés, en 1956 Ken Guttler, jugando para el Shereveport de la
Piedmont, bateó 62 jonrones y empujó 143, pero su promedio de .293 no fue
suficiente para liderar la liga.

       Quien
si lideró la Longhorn clase C con el Roswell en los tres departamentos de
Triple Corona fue Joe Bauman en 1954, en la que se puede considerar acaso la
mejor temporada de bateador alguno en cualquier liga del mundo. El tipo produjo
para 72 jonrones, 224 carreras impulsadas y .400 de promedio.

 

 

 

 

 

Un merecido homenaje a Tito Rondon

Cuando uno lleva años, quizás toda la vida, por
los vericuetos de la historia del beisbol, alcanza cierta autoridad hacia sí
mismo que le capacita para reconocer la erudición ajena de inmediato. Un
historiador del beisbol, un conocedor del juego, es identificado, sin pifiar,
cuando se maneja cierto grado de conocimiento. Me ocurrió con el
nica-estadounidense Alberto “Tito” Rondón, de los pocos, yo diría que de los
poquísimos, que van quedando como archivos de responsabilidad y respeto con
respecto al pasatiempo.

       
Alguien con quien se puede conversar… Por regla general esta frase
retrata al individuo que es una combinación de culto con decente, más humilde y
que desemboca en el término caballero, condición que se extingue en medio del
desgano y la apatía social de una actualidad que mete miedo.

         Y
Tito Rondón es un caballero, en el exacto sentido del término tradicional. Y un
erudito en asuntos de beisbol.

        
Dice un material autobiográfico que nació en Los Angeles y que su madre
es nicaragüense. Por haber nacido aquí y criarse allá, es que tiene al beisbol
como pasión; porque, en la tierra de Dennis, del Chele Cárdenas, de Tijerino…la
misma que escogió para residir casi la mitad de su vida y en la cual reposan
sus restos el Dinámico Rubí, como en Cuba, el juego de pelota es una razón de
ser.

        
Tito pertenece al SABR, Sociedad de Investigadores del Beisbol
Americano, que manejan los datos del famoso BaseballReferences.com de la
Internet, división de la Florida en el capítulo en inglés.

        
Entre otras actividades, fue J’ de Deportes en el diario La Prensa de
Nicaragua por 11 años y narrador de beisbol desde Estados Unidos, Nicaragua,
Costa Rica, Panamá, Colombia e Italia. Se le ha podido escuchar en todos los
países o Estados de la Unión Americana, incluso en Cuba y en Alaska. Narrador
en español de los Dodgers de Los Angeles en 1990 y mantuvo un show radial en XM
desde el 2005-2009.

         El
año pasado el SABR le otorgó el Premio Eduardo Valero, división en español, por
un trabajo de investigación titulado “La liga que desapareció”, sobre la
Mejicana de 1946.

        
Hombres como Tito Rondón, que trabajan a 
la sombra buscando el dato que usted, seguramente, utilizará para ganar
una discusión, merecen este tipo de dedicación, de vez en cuando, como rescate
del aspecto que un artillero, por lejos que lleve la bola, no podrá brindarle
nunca: la historia del pasatiempo.

 

 

 

 

 

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.